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- Olvídate de incertidumbres pesimistas.
- Reconoce que son más los bienes de que disfrutas, que los males que te afligen.
- Despierta en ti la capacidad de asombro ante las bellezas de los milagros cotidianos y los logros de la naturaleza humana.
- Regocíjate con los talentos que Dios te concedió.
- Programa tu satisfacción permanente.
- En lugar de dramatizar tus frustraciones, aprovecha tus grandes dones para superarte y salir avante. |
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